miércoles, 24 de diciembre de 2008

Feliz Navidad

A todos los lectores de "Los dos Lados de la Moneda" les deseo Feliz Navidad con un vídeo propio que he hecho para todos vosotros.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Retratos post mortem


Estaba buscando información sobre un asesinato que había ocurrido hace más de 50 años cuando me encontre en la Red fotografías de personas que estaban muertas. Al principio sentí un sentimiento de repulsa y horror al ver a niños pequeños muertos que parecían estar vivos. Sin embargo, comencé a buscar información sobre esta práctica, y pronto me di cuenta que era algo natural en el siglo XIX. Aún así me seguía pareciendo algo macabro, y todavía lo pienso, aunque hay que ponerse en el lugar de una persona de hace más de dos siglos.

En esta entrada voy hablar sobre los retratos post mortem, aunque apenas voy a incluir imágenes de esta práctica, ya que algunas pueden herir ciertamente la sensibilidad de las personas. Esta entrada se va a basar, en cierta medida, del fabuloso reportaje de Alberto Riera publicado en 101 Room, fotografía.

¿A quién no le gustaría conservar algo que le recordara a ese ser querido que recientemente ha fallecido? Yo creo que mucha gente conserva algún objeto de esa persona muerta. Vemos sus fotos de cuando eran pequeños, su sonrisa, sus caras de felicidad... Pero, ¿Qué pasa cuando no hemos tenido tiempo de fotografiar a esa persona antes de que muriera? En el siglo XIX, donde la tasa de mortalidad infantil era desorbitada, muchos padres perdían a sus hijos antes de haberlos fotografiado. Para no olvidarlos nunca y tener un recuerdo de ellos, solían retratarlos como si no hubieran muerto, como si todavía les quedará un hilo de vida.

Un ejemplo de lo que acabamos de nombrar es la fotografía de la derecha. A simple vista vemos un niño con los ojos abiertos, sentado en una butaca. Lo sorprendente es que el niño está muerto y tiene los ojos abiertos, pero tiene una pose muy natural. Los ojos se les solía abrir con una cucharilla de café.

Los fotógrafos de aquella época les gustaba sobre todo retratar a individuos muertos, pues podían mantener al modelo en la misma posición durante un largo tiempo. Había familiares que no pretendía que sus fallecidos parecieses que estuvieran vivos, sino simplemente dormidos. Un ejemplo, es la imagen superior donde una joven "descansa" en un sillón.

Según iban pasando los años, muchos se decantaron por otras formas de fotografiar a sus familiares muertos. Algunos no pretendía eliminar cualquier signo de muerto, sino todo lo contrario, en este tipo de fotografías los signos mortuorios son claramente visibles. Un ejemplo, es la imagen inferior donde se ve a una familia de campesinos portando el féretro de un bebe.


Esta práctica de los retratos post mortem irá poco a poco desapareciendo. La sociedad actual no toleraría este tipo de imágenes, ya que como hemos dicho antes, son macabras y repugnantes. Personalmente se me hiela la piel cuando veo este tipo de fotografías, pero no hay que olvidar el contexto. Pues hace dos siglos esta práctica era habitual y la sociedad no la veía con malos ojos.
Si os parece interesante este tema, podéis consultar las siguientes fuentes:

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Elizabeth Báthory: la condesa sangrienta

Cuenta la leyenda que en el siglo XVII una mujer mataba a sus doncellas para beber su sangre y así no envejecer nunca. Esa mujer se llamaba Elizabeth Báthory y era condesa. (1560-1614) Todo comenzó una mañana cuando Elizabeth estaba paseando por el pueblo. Allí vio a una anciana y no pudo evitar burlarse de ella. La anciana respondió a sus burlas echándole una maldición diciéndole que ella llegaría a ser pronto a vieja también. Por aquella época Elizabeth rozaba la cuarentena, así que una mujer con casi cuarenta años se acercaba vertiginosamente a la vejez.

Viuda, rica y sin ejercito que la protegiera, Elizabeth se sentía más indefensa y sola que nunca. El único apoyo que tenía eran sus fieles amigas brujas, las cuales la aconsejaban en las decisiones que tomaba la condesa.

El roce de la sangre
Un día, una sirvienta le estaba cepillando el pelo. Todo iba con normalidad hasta que la doncella le pegó un tirón de pelos. Elizabeth sin ningún reparó le propinó un fuerte golpe en la cara destrozándole la nariz. Debido al golpe, y por lo cerca que se encontraban las dos, la sangre de la doncella salpicó la mano de Elizabeth. La condesa creyó ver como la gota de sangre que había rozado su mano había hecho desaparecer las arrugas que tenía en ella. Elizabeth creyó estupefacta que había encontrado el elixir de la eterna juventud.

Comienzan las muertes
No tuvo tiempo la doncella de recuperarse del fuerte golpe que tenía en la cara, pues horas después, tras haber consultado Elizabeth con sus amigas las brujas, la degollaron para llenar una bañera con su sangre. La condesa se bañó durante un largo tiempo en la sangre de la joven, y se dice también, que bebió de ella, para así conservar su juventud.
Por desgracia, la muerte de esta chica no fue la última, pues según la historia, más de medio centenar de mujeres murieron en extrañas circunstancias.

El error de Elizabeth
Finalmente, la condensa fue descubierta porque, al no haber ya mujeres plebeyas que no hubiera asesinado, decidió matar a jóvenes de la aristocracia. Este fue su gran error, pues las familias de las jóvenes comenzaron a investigar lo que podía haber ocurrido. Todo se descubrió el 30 de diciembre de 1610 cuando un guardia de György Thurzó (primo y enemigo de Elizabeth) llegó al castillo de la condesa y descubrió los cadáveres de las jóvenes desparramados por el suelo del edificio.

El final de la condesa sangrienta
Todos los que participaron en los horribles asesinatos fueron juzgados y condenados a muerte, salvo Elizabeth. La condesa se libro de la condena a muerte por su título nobiliario. Sin embargo, no pudo huir del todo de la justicia, pues fue recluida durante cuatro años en una sala sin luz hasta que murió.

Realidad o leyenda
La vida de Elizabeth y la historia sobre sus asesinatos, tiene amplias lagunas, ya que ni sus míticos diarios, donde se dice, que detallaba con minuciosidad cada uno de sus crímenes; ni su retrato original, han sido encontrados. Los únicos datos que se tiene de Elizabeth Báthory son los Archivos Nacionales de Hungría donde se conservan abundante documentación sobre la condesa, especialmente cartas personales y actas del juicio. Por esta razón, no se puede afirmar, ni negar, que Elizabeth Báthory fuera una asesina en serie. Tal vez, porque nunca podremos saber si será verdad, la historia de Elizabeth Báthory ha tenido tanta fama llegando a las novelas de ficción y al cine.


Si te ha gustado esta historia y te gustaría saber más sobre Elizabeth Báthory puedes consultar estas fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Condesa_Sangrienta
http://www.crepusculo-es.com/contenidocrep/Erzsebet_Bathory.htm
http://www.neoteo.com/leyendas-vlad-dracula-y-elizabeth-bathory.neo
http://www.isabelmonzon.com.ar/condesa.htm
Y si te ha gustado la figurita de Elizabeth Báthory bañandose en sangre, puedes comprarla haciendo click aquí.

martes, 11 de noviembre de 2008

Mi otro blog



¡Hola a todos!

Hace unas semanas tuve que crear para la asignatura de Tecnología de la Información un nuevo blog. Este blog se llama RutaMur. Lo peculiar de RutaMur es que no voy a escribir solo yo, también escribirán dos compañeras más de clase: Rocío González y María Monreal. Esta nueva web tratara el turismo de la Región de Murcia de manera divertida, dinámica.... siempre desde otro punto de vista. Lo que pretendemos hacer es sacar a la luz la cara más oculta, o menos conocida de Murcia, aunque esto lo explicamos mucho mejor en el post de bienvenida. Si queréis seguirme en esta nueva aventura podéis encontrarme en RutaMur, en las etiquetas que llevan mis iniciales M.C.A. (Miriam Cánovas Andreo). El hecho de que ahora tenga un nuevo blog no significa que no vaya a seguir escribiendo en Los dos lados de la moneda, ya que intentaré seguir actualizándolo, aunque por supuesto, RutaMur será actualizada todas las semanas con al menos dos nuevas entradas (exigencias de la asignatura).

En resumen, estáis todos invitados a la aventura de conocer Murcia de manera distinta con RutaMur.

domingo, 21 de septiembre de 2008

La Jabonizadora

En 1985 se publicó por primera vez la obra “El Perfume. Historia de un asesino” del escritor alemán Patrick Süskind. Este libro, que no tardó en convertirse en best-seller, narra la historia de un asesino que mata a mujeres para hacer con el cuerpo de las jóvenes el mejor perfume. El argumento de la obra es mucho más amplio, pero esta parte que acabo de relatar es la que me interesa para contar un caso real muy parecido al que en su día escribió Patrick Süskind.

Entre 1939 y 1940
Leonarda Cianciulli mató a tres mujeres en la pequeña ciudad italiana de Correggio. Cianciulli sedujo a las mujeres con promesas de obtener para ellas la eterna juventud. La intención de Leonarda, en aquellos tiempos de necesidad y escasez de alimentos, era hacer jabón con los cuerpos. Esto lo logró a medias, pues sólo consiguió una espantosa pasta informe y blanda. Por estos escalofriantes crímenes Leonarda Cianciulli fue juzgada cuando se puso fin a la Segunda Guerra Mundial y por la finalidad por la que cometió los asesinatos fue llamada “La jabonizadora de Corregio”.

Es innegable el parecido de la obra “El Perfume” y el caso real de Correggio. Puede que el escritor Süskind se inspirase en Leonarda Cianciulli, para crear el asesino que convertiría su libro en best-seller.


sábado, 17 de mayo de 2008

Crónicas Berlinesas

“Lo diminuto de las partes impresiona más que la monumentalidad del conjunto”. Esta frase, extraída del libro Crónicas Berlinesas, define a la perfección el tema principal de esta novela escrita por Joseph Roth. Crónicas Berlinesas es un libro compuesto por nueve capítulos los cuales, engloban diferentes relatos. Cada historia se centra en un episodio en concreto de la ciudad de Berlín en los años 20 como, por ejemplo, Refugiados del Este donde se cuenta la triste y dura historia de los judíos exiliados; o Pasajeros con Bultos donde se denuncia la situación que vivía la gente de pueblo o los mutilados de guerra cuando viajaban en el ferrocarril suburbano. Todas las crónicas que se encuentran en este libro están escritas con minuciosos detalles, que dan al libro un aire de cercanía y realismo, lo que hace que el lector sienta, escuche, toque, oiga y huela lo mismo que el autor. Roth muestra la ciudad de Berlín desde sus propios ojos y dejando a la luz los suburbios de esta ciudad, su lado más pobre y oscuro. Así a través de los pequeños detalles el lector se acerca a esa ciudad acompañado de la mano de Roth.


En varios momentos el escritor deja verse entre las líneas de esta novela. Por ejemplo: “Durante mi caminata por el gueto judío de Berlín, compré un par de periódicos nacionalistas judíos de Europa del Este”. En esta frase podemos ver como el escritor deja de narrar en tercera persona para dejar que el lector pueda verlo. También ocurre un caso parecido en: “Recuerdo que, siendo soldado, cuando nos anunciaban una parada breve (…) no nos quitábamos las mochilas sino que seguíamos cargando con ellas con una desgracia fiel hasta el tormento, como quien carga con un enemigo con el que se ha aliado para siempre.” En este caso podemos ver como el autor introduce vivencias personales para ofrecer más “color” a la crónica.


Roth intenta acercarse al lenguaje del lector introduciendo frases hechas o populares, como: “Si no, está uno más indefenso que un novio en el altar”, “Y tocan la mar de bien” o “Llevo una vida de perro”. Otra forma que utiliza el autor para acercarse al lector es escribiendo frases cortas, esto hace que cada uno de los relatos se lea cómodamente, además de la extensión de cada uno ellos, pues no superan las tres páginas.


Por medio de la descripción Roth intenta enamorar al lector. Le cuenta de la forma más minuciosa y dulce posible como es un objeto o situación de la vida diaria, al que muy probablemente nadie le ha llamado nunca la atención. Este el caso del semáforo: “Pero un buen día se encontró con una pequeña torre de metal, gris, con unos ojos grandes y redondos, aún cerrados, en la parte superior. Esos ojos, despidiendo unos destellos de colores, debían regular el tráfico de forma automática”.
Crónicas Berlinesas es una novela
compuesta por pequeñas historias que ofrecen a quién lo leen una visión más profunda de la ciudad de Berlín de los años 20.