miércoles, 14 de enero de 2009

Aída... sin Aída



Ayer fue el último capítulo de Aída con Carmen Machi. Un capítulo que a mi personalmente no me gustó mucho. ¿Cómo hacer que desaparezca un personaje de una serie? Muchos guionistas se deciden por "matarlos", y otros, como es el caso, prefieren mandar a prisión a su personaje principal, por "si vuelve".

No me gustó como se trató el tema de los malos tratos. Al final Aída mata a su yerno para proteger a su hija, ¿es qué era la única solución? Yo creo que no. Esta serie que siempre ha sido un ejemplo de la sociedad española debería haber tratado el tema de otra forma. Lo que menos me gustó fue que cuando el yerno es asesinado por Aída se hacen parodias con su cuerpo. Creo que un cadáver no es tema de chiste. Otro problema que vi en la serie es que generaliza demasiado y se basa frecuentemente en los tópicos. Un ejemplo de esto es cuando Chema dice la siguiente frase "No os preocupéis si cuando termina la vuelta ciclista lo que no sobra son gente para desengancharse", no sé si literalmente dijo eso, pero lo que quiere decir es que todos los ciclistas consumen droga en la vuelta ciclista. Y eso no es así, seguro que tiene que haber de todo, como en todos los deportes.

Sin embargo, no todas mis críticas son negativas, pues cuando Aída convence a su hija para que denuncie, creo que ese hecho puede animar a muchas mujeres que estén viviendo esa situación a hacer lo mismo. Otra cosa que me gustó fue cuando Barajas y Luísma eran monitores en el curso de desintoxicación. Tampoco me dejo fuera a Mauricio y a la abuela "la Bin Ban Bun", pues no hay capítulo en el que no provoquen a los espectadores una buena carcajada.

Después de este pequeño análisis, lo único que queda por preguntarnos es si la audiencia castigará fuertemente la ausencia de Carmen Machi. No me quiero apresurar a dar una respuesta, pero no creo que Aída siga siendo lo mismo, aunque todo se verá... en el siguiente capítulPara ver el último capítulo de Aída haz click aqui.


lunes, 22 de diciembre de 2008

Retratos post mortem


Estaba buscando información sobre un asesinato que había ocurrido hace más de 50 años cuando me encontre en la Red fotografías de personas que estaban muertas. Al principio sentí un sentimiento de repulsa y horror al ver a niños pequeños muertos que parecían estar vivos. Sin embargo, comencé a buscar información sobre esta práctica, y pronto me di cuenta que era algo natural en el siglo XIX. Aún así me seguía pareciendo algo macabro, y todavía lo pienso, aunque hay que ponerse en el lugar de una persona de hace más de dos siglos.

En esta entrada voy hablar sobre los retratos post mortem, aunque apenas voy a incluir imágenes de esta práctica, ya que algunas pueden herir ciertamente la sensibilidad de las personas. Esta entrada se va a basar, en cierta medida, del fabuloso reportaje de Alberto Riera publicado en 101 Room, fotografía.

¿A quién no le gustaría conservar algo que le recordara a ese ser querido que recientemente ha fallecido? Yo creo que mucha gente conserva algún objeto de esa persona muerta. Vemos sus fotos de cuando eran pequeños, su sonrisa, sus caras de felicidad... Pero, ¿Qué pasa cuando no hemos tenido tiempo de fotografiar a esa persona antes de que muriera? En el siglo XIX, donde la tasa de mortalidad infantil era desorbitada, muchos padres perdían a sus hijos antes de haberlos fotografiado. Para no olvidarlos nunca y tener un recuerdo de ellos, solían retratarlos como si no hubieran muerto, como si todavía les quedará un hilo de vida.

Un ejemplo de lo que acabamos de nombrar es la fotografía de la derecha. A simple vista vemos un niño con los ojos abiertos, sentado en una butaca. Lo sorprendente es que el niño está muerto y tiene los ojos abiertos, pero tiene una pose muy natural. Los ojos se les solía abrir con una cucharilla de café.

Los fotógrafos de aquella época les gustaba sobre todo retratar a individuos muertos, pues podían mantener al modelo en la misma posición durante un largo tiempo. Había familiares que no pretendía que sus fallecidos parecieses que estuvieran vivos, sino simplemente dormidos. Un ejemplo, es la imagen superior donde una joven "descansa" en un sillón.

Según iban pasando los años, muchos se decantaron por otras formas de fotografiar a sus familiares muertos. Algunos no pretendía eliminar cualquier signo de muerto, sino todo lo contrario, en este tipo de fotografías los signos mortuorios son claramente visibles. Un ejemplo, es la imagen inferior donde se ve a una familia de campesinos portando el féretro de un bebe.


Esta práctica de los retratos post mortem irá poco a poco desapareciendo. La sociedad actual no toleraría este tipo de imágenes, ya que como hemos dicho antes, son macabras y repugnantes. Personalmente se me hiela la piel cuando veo este tipo de fotografías, pero no hay que olvidar el contexto. Pues hace dos siglos esta práctica era habitual y la sociedad no la veía con malos ojos.
Si os parece interesante este tema, podéis consultar las siguientes fuentes: